Episodio 31: 10 errores que cometí con mi tesis doctoral

Dicen que cometer errores es el paso previo al aprendizaje. Y es cierto. Pero a nadie le gusta cometer errores.

También puedes aprender de los errores que cometen otros.

En este post te hablo de 10 cagadas que cometí con mi tesis doctoral para que no caigas en ellas tú con tu TFG.

En este episodio te contaré:

  • 10 errores por los que me quedé bloqueada y tardé seis años en acabar mi tesis doctoral

Dale al play y que lo disfrutes 🙂

Si eres de l@s que prefieren leer, te he preparado un resumen de lo que he hablado en este episodio.

En el episodio de hoy quiero hablarte de 10 errores que cometí escribiendo mi tesis doctoral.

Eran unas auténticas cagadas por las que me bloqueé y tardé seis años en terminarla.

Quiero que las conozcas para que no caigas en estas trampas con tu TFG.

1. No planificaba

En ningún momento planifiqué mi trabajo.

En ningún momento me paré a pensar qué tareas tengo que hacer y en qué orden.

Obviamente, sabía qué tenía que hacer en general, pero no cogí papel y boli para planificar acciones concretas.

Muy mal hecho.

Si ya el TFG es un proyecto relativamente grande, ni hablemos de una tesis doctoral que tardas por lo menos un par de años en escribirla.

Si no planificas un proyecto a largo plazo, es muy difícil llevarlo a cabo con éxito.

Es más, al no haber planificado todo el trabajo relacionado con la tesis, tampoco monitorizaba mis progresos.

Lógico: si no tenía un plan de acción, no podía monitorizar nada.

Al no hacerlo, así pasaba, que año tras año posponía la tesis y no avanzaba.

Un proyecto tan grande como una tesis doctoral hay que tenerlo planificado y hay que monitorizar los progresos.

Con el TFG pasa lo mismo.

No lo terminas en una tarde, así que necesitas un plan de acción para saber cómo vas.

Si no defines qué tareas concretas debes llevar a cabo para hacer tu TFG, no elaboras con ellas un plan ni las pones en tu agenda, es muy difícil que cumplas tu objetivo.

Estoy convencida de que no haber planificado mi tesis doctoral fue el error principal que desencadenó el desastre, es decir, fue la causa principal de que me bloqueara y me costara sudor, sangre y lágrimas acabar la tesis.

2. No dividía las tareas en acciones de 15 minutos

Obvio, si ni siquiera había elaborado un plan, ¿cómo iba a tener acciones concretas de 15 minutos?

Mi único plan era un caos: ponerme el tiempo que tuviera libre según el día. Si un día era una hora, pues una hora. Si eran dos, pues dos.

Un desastre.

Al no tener planificadas acciones pequeñas que podía ir tachando, me sentía como si fuera a la deriva.

Divide tu proyecto en tareas concretas y pequeñas.

Cuanto más pequeñas, mejor. Así no te pones excusas que no puedes ponerte con el trabajo porque no tienes tiempo.

No me lo creo que no tengas un cuarto de hora al día para poder hacer tu TFG.

Y si de verdad no lo tienes, ponte acciones de 10 minutos o del tiempo que tengas.

Puedes avanzar con tu trabajo incluso trabajado solo 10 minutos cada día, créeme.

Esos 10 minutos que inviertes en tu TFG cada día son los que te aceran a tu objetivo, a tener el trabajo terminado.

Si divides tu proyecto en acciones concretas que puedes ir haciendo cada día, cuando tengas que sentarte con el TFG, no perderás el tiempo preguntándote ¿qué hago hoy?

Además, si son tareas pequeñas de un cuarto de hora, aprovecharás mejor cada hueco que tengas y no perderás el tiempo esperando hasta que puedas ponerte dos horas seguidas (que a lo mejor nunca sucede).

3. No trabajaba cada día

No me ponía con mi tesis cada día.

Trabajando en ella según me venía la inspiración a las ganas no generaba el hábito necesario para acabar un proyecto a largo plazo.

No tenía disciplina.

No cometas el mismo error con tu TFG.

Si no creas el hábito de ponerte cada día con tu trabajo, llevas todas las papeletas para no cumplir tu objetivo y tener que matricular el TFG el año que viene.

El éxito de tu proyecto no puede depender de tu fuerza de voluntad y de tu motivación, que son recursos que se agotan.

Necesitas disciplina y hábito de trabajar cada día.

Yo no lo hacía y así me fue, que tardé seis años en terminar la dichosa tesis.

Cuanto más tiempo pasaba en que no me ponía con ella, más difícil me resultaba retomarla porque, cuando al final abría el Word, ya ni me acordaba por dónde iba ni qué quería decir y perdía mucho tiempo en volver a coger el hilo.

No dejes que pasen más de dos días sin trabajar en tu proyecto.

4. Me centraba en el resultado

Estaba muy obsesionada con que tenía que terminar la tesis. La quería ver lista y acabada. Siempre estaba pensando en este resultado final.

Ya que mi tesis debía tener 300 páginas (porque era lo estipulado en filología), me agobiaba con ese volumen porque yo soy bastante escueta a la hora de expresar mis ideas.

Entonces todo el rato estaba preocupándome por esas 300 páginas, que cómo iba a escribir tanto, qué era imposible, que no iba a llegar, etc.

Como ves, siempre tenía en mente el resultado final: un trabajo de 300 páginas.

Lo único que conseguí con eso fue bloquearme, paralizarme y no avanzar.

Lo que debería haber hecho es centrarme en el proceso.

En proyecto grande a largo plazo es fundamental enfocarse en las tareas pequeñas, en peldaños que te van a llevar a tu objetivo.

Si lo piensas bien, tener el TFG acabado significa completar varias acciones muy concretas, gracias a las cuales conseguirás tu resultado.

Así que en vez de agobiarte con el resultado final que tanto te paraliza, céntrate en el proceso, en esas tareas concretas que debes ir completando para acabar tu proyecto.

Te aseguro que es mucho más productivo.

Ahora bien, para poder centrarte en el proceso primero debes diseñarlo.

Necesitas planificar y dividir tu proyecto en acciones concretas y pequeñas, e ir haciéndolas a diario.

Si no planificas tu trabajo, hacer el TFG será un caos.

5. No analizaba qué hacía mal

Año tras año fracasaba con la tesis.

Año tras año la posponía porque no me ponía con ella ni la planificaba ni tenía tareas definidas… Un desastre.

Y en vez de pararme y analizar qué hacía mal, por qué no avanzaba, cuál era el motivo por el que me bloqueaba, qué era lo que me paralizaba, qué no funcionaba en todo ese proceso, seguía haciendo lo mismo y caía en los mismos errores.

El resultado: un año más que volvía a matricular la tesis y perder el dinero.

Si no sabes qué has hecho mal, si no sabes qué errores has cometido, obviamente no sabrás qué debes corregir y cómo.

Haciendo lo mismo año tras año, no puedes esperar que la cosa de repente mejore.

Si no cambias nada, no puedes esperar resultados diferentes.

Parece obvio, pero a menudo caemos en este error.

Como me pasaba a mí. Año tras año hacía lo mismo y cometía los mismos errores, pero cada año tenía la esperanza de que ese año iba a ser el definitivo porque iba a terminar la tesis.

Y nunca lo era porque no analizaba qué hacía mal.

Si te pasa lo mismo, si no es el primer año que matriculas el TFG, párate a pensar por qué no avanzaste el año anterior, qué ha ido mal, qué ha sucedido por lo que no has hecho el trabajo, por qué no te ponías.

¿No tenías tiempo? ¿No planificaste las tareas? ¿No sabías qué tenías que hacer?

Procura pensar dónde está el problema.

6. Perdía el tiempo buscando información sobre cómo motivarme

Claro, ¿cómo iba a ponerme con la tesis si no estaba motivada? No tenías ganas.

En vez de planificar, dividir el proyecto en tareas ridículamente pequeñas para que no me entrara pereza hacerlas incluso sin ganas, en vez de tener un plan de emergencia para esos días malos, yo perdía el tiempo buscando en internet «¿cómo motivarte para escribir la tesis doctoral?».

Muy mal hecho.

No me funcionó ni me sirvió de nada.

Era una pérdida de tiempo.

Ya sabes lo que pienso sobre la motivación porque lo he repetido mil veces, pero por si acaso lo vuelvo a repetir: la motivación es un recurso que se acaba y es normal.

No puedes esperar estar motivado los 365 días al año o todos los días que te va a llevar hacer el TFG.

Basar el éxito de tu proyecto solo en la motivación es absurdo.

No vas a estar a tope de energía día tras día. Y menos si no es la primera vez que intentas acabar el TFG.

La motivación surge de la acción.

En cuanto te pones a trabajar en tu TFG y ves que avanzas (aunque muy lentamente), en cuanto te pones a hacer cualquier cosa que te acerque a tener el TFG acabado, allí es donde surge la motivación.

De esa acción de vencer tu pereza y ponerte a pesar de que no tenías ganas, de allí va a surgir tu motivación.

Así que en vez de perder el tiempo en buscar en Google «¿cómo motivarme?», piensa qué acción diminuta puede hacer para ponerte con el TFG a pesar de que no tengas ganas.

7. Escribía y editaba a la vez

Cuando conseguía ponerme con la tesis, en vez de escribir sin más, trasladar todas mis ideas a papel y corregirlo después, yo escribía y editaba a la vez.

Es decir, quería que el texto quedara bonito, coherente y claro a la primera, según escribía.

No hagas lo mismo. Es un error con lo que lo único que consigues es bloquearte.

Primero escribe.

Da igual cómo. Si te sale mal, si las frases no te gustan, si piensas que todo lo que escribes no es coherente, no importa.

Lo más importante es volcar todas tus ideas al papel (o al ordenador), sacarlas de tu cabeza y ponerlas por escrito.

Luego ya lo corregirás si hace falta (que lo más seguro es que sí).

Ya lo ordenarás todo más adelante.

Lo principal es tener algo por escrito porque necesitas material sobre el que trabajar.

Si pretendes que todo te salga impoluto según escribes, a la primera, te vas a bloquear, porque te darás cuenta de que no te sale como a ti te gustaría y al final dejarás de escribir.

Sé que al principio cuesta. A mí me costaba horrores escribir y seguir escribiendo a pesar de que no me gustara cómo quedaba.

Te lo digo como antigua perfeccionista. Para mí era como un crimen dejar por escrito algo que me parecía una porquería.

Pero si no vences esa manía de escribir y corregir a la vez, te seguirás bloqueando.

Aunque no te guste lo que estés escribiendo, por lo menos tendrás un material sobre el que trabajar al día siguiente si quieres.

Es mucho mejor que tener un texto malo (por muy malo que sea) que tener una página en blanco.

También te digo una cosa: en el momento de escribir, lo que escribas te puede parecer horroroso, pero si lo vuelves a leer al día siguiente, a menudo no te parecerá tan horrible.

Te lo digo por experiencia.

8. No apuntaba las citas

Este error me dolió mucho.

Mientras leía todo el material bibliográfico y encontraba algún fragmento que me podía servir como cita, apuntaba el fragmento en cuestión, pero no apuntaba los datos que acompañaban esa cita ni los que necesitaría para la bibliografía final.

Es decir, tenía el fragmento, pero me faltaba el autor, el título del libro o el artículo del que sacaba esa cita, sin hablar del año ni lugar de publicación ni la página.

Cuando estaba escribiendo mi tesis a toda prisa (más adelante te diré por qué fue a toda prisa), encima tenía que ir revisando cita por cita en qué página de la fuente original estaba el fragmento que quería citar.

Fue un dolor grandísimo porque fue una pérdida de tiempo tremenda.

Porque no se trataba de una sola cita. Eran muuuuuchas citas.

Mi consejo: si encuentras una fragmento que crees que vas a utilizar en tu trabajo, por si acaso apúntate todos los datos que necesitarás para citar ese fragmento en el texto y para incluir en la bibliografía final el artículo o el libro al que pertenece ese fragmento.

Es decir, apúntate el autor, el título, el año de publicación, el lugar de publicación y, lo más importante, el número de página.

Es mejor «perder el tiempo» en recopilar todos estos datos según lees los materiales, que luego estar releyendo todo en busca del número de página.

9. No hacía copias de seguridad

Sí, has leído bien. Cuando escribía mi tesis doctoral, no hacía copias de seguridad.

Un buen día perdí como unas 12 páginas.

No sé muy bien qué pasó, el caso es que abrí el Word, algo fue mal y todo el texto desapareció.

Llegué a recuperar una parte, pero imagínate la gracia cuando estás bloqueado, escribir una triste te cuesta sangre, sudor y lágrimas, y de repente pierdes doce. Me quería morir.

Es el típico errores que, cuando todo va bien, ni piensas en ello, pero cuando pasa algo así, te das cuenta de su magnitud.

A partir de aquella situación, todo lo que escribía lo guardaba en el ordenador, en un pendrive, lo subía a Dropbox y me lo mandaba al email.

Mi consejo: por lo que más quieras, haz copias de seguridad.

Si un día tu ordenador se pone en huelga, te acordarás de ello, créeme.

10. No comprobé la fecha límite de entrega

Mientras terminaba la tesis, que sí, que no, pasaron seis años. En todo este tiempo cambió el plan de estudios.

Yo decidí seguir con el antiguo plan porque era mucho más sencillo, pero ese plan tenía una fecha límite.

Ingenua de mí, estaba convencida de que tenía tiempo para terminar la tesis hasta junio de 2016.

Cuando en febrero de 2015 se lo comenté a la secretaria del departamento, cuál fue mi sorpresa cuando me dijo que la fecha límite de entrega de la tesis era septiembre del mismo año, o sea, del 2015.

Pensaba que me iba a dar algo. Se me derrumbó el mundo.

Eso sí, del susto me puse las pilas como nunca en la vida y para septiembre de 2015 tenía la tesis acabada.

Cierto es que gracias a aquello espabilé que logré terminar la tesis a tiempo.

Pero no te recomiendo pasar por un agobio tan grande.

De verdad que no es buena opción.

Así que comprueba la fecha límite de entrega de tu TFG, añade un margen de tiempo para las correcciones, para que lo lea tu tutor y planifica tu trabajo.


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Y gracias por estar allí al otro lado de la pantalla, porque sin ti esto no tendría sentido.

Nos escuchamos el lunes que viene. ¡Hasta entonces y que pases muy buena semana!